ROMANCERO SEFARDI - Coleccion Susana Weich-Shahak-Kobi Zarco-Alvayero

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Romancero Sefardí 14:
KOBI ZARCO-ALVAYERO (Haifa)
Tres damas van a la misa (La bella en misa)
Jerusalem, 19.6.2006, NSA CD5216/8


1 Tres damas van a la misa por hacer la oración,
entremedio mi kerida, linda de mi korazón.
Sayo lleva sobre sayo y un juboy de alta nación,
kamisa de holanda lleva, sirma y perla al kabezón.
5 Su kabeza, bala de oro, sus kabellos, briles son,
kuando se mete a peniarlos en ellos despunta el sol.
Los sus ojos, lindos, pretos, vishnas de Stanbol ya son,
su nariz aparfilada, las sus karas briles son.
La su boca, chikitika, ke kabe ni en un piñón,
10 los sus labios corelados, verjanes rubios son,
los sus dientes muy menudos, perlas de enfilar ya son,
Ya se viste, ya se endorna, para la misa partió.
Ella entrando a la misa, la misa s'arrelumbró,
El papás que sta meldando, del meldar ya se aretó.
15 - Melda, melda, papasico, ke por ti no vengo yo,
por aquel ke yo venía, a la misa no está hoy.
Siete años hay ke lo aspero, como mujer de gran valor,
fin del ocho si non viene, kon otro me kaso yo:
tomara al Papa de Roma o al Duke de Estanbol,
20 si el Duke no me quiere, me toma el tañedor
ke me tañe día y noche y de mañana al albor.
Estas palabras diciendo, ke el buen rey ke allegó.
Se tomaron mano con mano, juntos se fueron los dos.

Este tema es común a la tradición sefardí y a la española. Según lo explica Paloma Díaz Mas el texto sería una parte de una historia más compleja, de la cual solo se preservó la descripción, más o menos minuciosa, de la mujer cuya deslumbrante belleza y riquísimo vestir confunden a todos los participantes de la ceremonia religiosa en la iglesia. En la versión sefardí se resuelve el desenlace con el reencuentro de la mujer con su amado que ha llegado justo a tiempo, antes que ella, que le había esperado siete años, decida casarse (con el papa, el Duque o el músico (el tañedor)). La dama se describe, como tan bien lo dice Giusseppe Di Stefano (1993: 148) "en la notación pausada de rasgos codificados de la indumentaria y del cuerpo" pero, más allá de ello, alude al efecto que la entrada de tiene sobre el que oficia la misa, al decir de Di Stefano(p.149), "el esplendor profano que invade la ermita seduce la vista corporal y ciega la espiritual."
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